20 de noviembre de 2014

La Duquesa de Alba en "El Club Dumas" de Arturo Pérez-Reverte

Hoy es un día para recordar el cameo de la Duquesa de Alba (Q.E.P.D.) en esta novela de Pérez-Reverte:



Fragmento de la obra:


– Déjenme presentarles al señor Corso… Bruno Lostia, anticuario milanés. Permítame. Sí, en efecto. Thomas Harvey, ya sabe, Harvey joyeros: Nueva York-Londres-París-Roma… Y el conde Von Schlossberg: la colección privada de pintura más famosa de Europa. Tenemos de todo un poco, como puede ver: un premio Nobel venezolano, un ex presidente argentino, el príncipe heredero de Marruecos… ¿Sabía usted que su padre es lector empedernido de Alejandro Dumas? Mire quien llega. Lo conoce, ¿verdad?… Profesor de semiótica en Bolonia… La dama rubia que conversa con él es Petra Neustadt, la crítico literaria más influyente de Europa central. En aquel grupo, junto a la duquesa de Alba, puede ver al financiero Rudolf Villefoz y al escritor británico Harold Burgess. Amaya Euskal, del grupo Alpha Press, con el editor más poderoso de Estados Unidos, Johan Cross, de O amp;O Papers, Nueva York… Y supongo que recuerda a Achille Replinger, librero en París.



Aquél fue el golpe de gracia; paladeé su efecto en el rostro desencajado de mi interlocutor, casi compadeciéndolo. Replinger tenía en la mano una copa vacía y bajo el mostacho de mosquetero una sonrisa amigable, igual que cuando identificaba el manuscrito Dumas en su tienda de la calle Bonaparte. Me saludó con un abrazo de oso enorme, antes de palmear afectuosamente la espalda del invitado e ir en busca de otra copa, resoplando como un Porthos rubicundo y jovial.



– Maldita sea -susurró Corso, acercándose a mí en un aparte-. ¿Qué es lo que pasa aquí?


– Ya le dije que es una larga historia.


– Pues termine de contarla de una vez.


Nos habíamos acercado a la mesa. Serví un par de copas de vino, mas rechazó la suya con un movimiento de cabeza.


– Ginebra -murmuró-. ¿No hay ginebra?


Indiqué un mueble bar al extremo del salón, y fuimos hasta allí, deteniéndonos tres o cuatro veces en el camino a fin de intercambiar nuevos saludos: un conocido director de cine, un millonario libanés, un ministro español del Interior… Corso se apoderó de una botella de Beefeater y llenó un vaso hasta arriba, despachando la mitad de un solo trago. Se estremeció un poco y sus ojos brillaron tras los cristales -uno roto, el otro intacto- de las gafas; sostenía la botella contra el pecho, con miedo a perderla.


– Iba a contarme algo -dijo.


Sugerí la terraza al otro lado de la puerta vidriera, donde podíamos conversar sin interrupciones, y Corso llenó de nuevo el vaso hasta el borde antes de seguirme allí. La tormenta había cesado; despuntaban estrellas sobre nuestras cabezas.


– Soy todo oídos -anunció, bebiendo otro largo trago.


Me apoyé en la balaustrada todavía húmeda de lluvia, mientras mojaba los labios en mi copa de vino de Anjou.


– La posesión del manuscrito de Los tres mosqueteros me dio la idea -dije-: ¿Por qué no crear una sociedad literaria, una especie de club de admiradores incondicionales de las novelas de Alejandro Dumas y del folletín clásico y de aventuras?…

El Mercurio de Calama (19 de noviembre)

18 de noviembre de 2014

"Perros e hijos de perra". Inicio

La editorial Alfaguara ha subido a su página web un fragmento con el ÍNDICE y uno de los artículos de este nuevo título antológico de Arturo Pérez-Reverte.




http://www.alfaguara.com/es/libro/perros-e-hijos-de-perra/