4 de abril de 2017

"El pintor de batallas" sube a escena


Se representa estos días en Madrid la adaptación teatral de la novela “El pintor de batallas”, de Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara, 2006).

Considerada una de las obras más personales del escritor cartagenero, “El pintor de batallas” narra la historia de un antiguo fotógrafo de guerra, Andrés Faulques, que se ha retirado a un torreón donde pinta un gran mural circular. El fotógrafo convertido en pintor recibe una extraña visita, la de Ivo Markovic, un superviviente croata de la guerra de Bosnia. Ambos crean, a partir de una densa conversación, una historia cruenta y turbadora, la de los fantasmas que los persiguen, una venganza fría tras veinte años de búsqueda, una ¿posible? redención a través del arte.

Markovic ansía vengarse de Faulques, que lo fotografió en la ciudad asediada de Vukovar provocando, cual efecto mariposa, cambios brutales en su existencia. Ivo no es el único que lo ha perdido todo en la guerra, Faulques, con esa eterna disputa entre hacer el bien y hacer su trabajo, también ha perdido algo muy valioso. ¿Una compañera? ¿La capacidad de volver a mirarse a sí mismo a los ojos?

En la novela de Pérez-Reverte se plantean interesantes reflexiones sobre el papel del arte en la sociedad, que no se ven reflejadas en la adaptación de Antonio Álamo. Sin embargo, algo muy poderoso embarga el ánimo de los espectadores en sus butacas: frente a ellos se va extendiendo el horror (que diría Kurtz) que Faulques asume con cada pincelada bañada por el Mediterráneo en un estremecedor mural que nos enfrentará cara a cara con la guerra. Rectas y ángulos. Vida y muerte.

Interpreta a Faulques, Jordi Rebellón y a Markovic, Alberto Jiménez, en esta narración entrecortada con continuos saltos temporales que aspira a llevarse 4 premios MAX de teatro. No se cuenta sobre las tablas todo lo que ocurrió, es el propio espectador quien debe completar las líneas del guión teatral que quedaron sin escribir.

Una tarea que será fácil para el habitual lector de Pérez-Reverte, y ciertamente enrevesada para quien no esté habituado a su narrativa. Pérez-Reverte acaricia con cada frase los demonios que esconde la muerte, la guerra,... y lo hace de un modo tan sutil y pausado que parece que puliera, con palabras, minúsculas obras de arte. El ritmo del texto es sosegado al leerlo (se paladea con gusto cada escena de la historia) y vertiginoso en la escena.

Los dos actores realizan sobre el escenario un tour de force interpretativo, a partir de un trabajo magnífico de contención (Rebellón) y explosión (Jiménez), un pulso memorable que les mantendrá atados a las butacas. Les acompañan en sus contados silencios huellas de Saura, Goya y Brueghel. Los gestos, los escasos y pautados silencios, el ritmo de la vida que busca respuestas que no aparecen… respuestas que resuenan como ecos en el espectador aún muchas horas después de acabada la función.

Quizá el lector habitual tenía ya en su mente otros rostros para estos personajes. No es más que una interpretación subjetiva (les confesaré que para mí Alatriste jamás fue Viggo Mortensen, Barlés jamás fue Imanol Arias, Lorenzo Quart jamás fue Roberto Enríquez,…), Rebellón y Jiménez encarnan los arquetipos que encontramos en la novela original: la asunción de las reglas de la vida y la ira derramada tras años de pesquisas. Y de fondo, el texto que se despliega como un acertijo maquiavélico que irá agarrando por los huevos al espectador (permitanme la expresión). Quizá nunca se los suelte. Un texto como éste no debería. Soltárselos.

La novela ganó en Italia en el año 2008 el Premio Gregor von Rezzori a la Mejor obra de narrativa extranjera. Una obra diferente, quizá la más autobiográfica de toda la trayectoria literaria de Pérez-Reverte, un texto inteligente, un zarpazo al lector (al espectador en este caso). Uno no es el mismo después de leer esta novela- no debería serlo-.

No se puede hacer otra cosa que brindar por la vida y el olvido.

Pueden comprar aquí la novela.

Aquí la entrada para el espectáculo.

Imagen de Ángel Haro (pintor real del cuadro-mural que aparece en la adaptación)

28 de marzo de 2017

Títulos leídos en marzo de 2017

- Buena alumna, Paula Porroni
- La mula, Juan Eslava Galán
- El amor en el jardín de las fieras, Juan Eslava Galán
- Últimas pasiones del caballero Almafiera, Juan Eslava Galán
- Espejo de sombras, Felicidad Blanc
- El viejo Rivers, Thomas Wolfe
- Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido, Paloma Sánchez-Garnica
- El paciente, Juan Gómez-Jurado
- Servidumbre humana, Somerset Maugham
- Encender de nuevo las estrellas, Karine Lambert