28 de marzo de 2015

Reseña de "Hombres buenos" de D. Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara, 2015)

"Hombres buenos" la última novela publicada de D. Arturo Pérez-Reverte, es, a mi parecer, uno de los retos literarios más interesantes a los que se ha enfrentado el escritor cartagenero.

Es para mí "Hombres Buenos" la respuesta a un reto de difícil consecución: novelar el contenido (y esencia) de todas sus patentes: históricas, políticas, de actualidad,... más peliagudo aún es resumir la esencia de las mismas, el impulso que lleva al escritor a la escritura: la denuncia, la crítica punzante, la desolación extenuada, la esperanza... y construir, a partir de ahí, una trama verosímil, creíble (en esta ocasión, un hecho real): dos miembros de la Real Academia Española elegidos en un comité de académicos por su calidad humana (honradez, afabilidad, honor) deben ir a París con el encargo de adquirir una primera edición de la Encyclopédie de D'Alembert y Diderot (prohibida en España, y cuya venta era ilegal en ese momento en Francia). Los dos académicos, de personalidades contrapuestas pero complementarias, arquetipos del hombre: el hombre alto y el hombre grueso, el almirante y el bibliotecario, el silencioso y el hablador, el lúcido y el hombre cuya fe acompleja. Dos hombres que a lo largo de más de 500 páginas desvelarán las luces y sombras de una España oscura, irracional, corrupta, sometida a los deseos de imbéciles y analfabetos que supieron en su día acomodarse en trono y asegurar, el cetro, el báculo y la reverencia (¿Les suena?). Las luces vienen de Francia y los académicos atraviesan una España oscura de caminos tortuosos en los que un mercenario, Pascual Raposo, a sueldo de otros dos académicos que desean impedir el progreso, trata de dificultar la consecución de su objetivo. Ya en su destino, se dejan deslumbrar levemente por las luces de la razón. Acompañados por el abate Bringas, que les ayudará en la búsqueda entre librerías de esos 28 ejemplares que tendrán un destino acogedor, la Biblioteca de la RAE. Durante su estancia en París, el autor se sirve de un matrimonio de clase acomodada, los Dancenis, para que Hermógenes Molina y Pedro Zárate alternen entre filósofos, intelectuales y literatos.

No continuaré explicando la trama para no desvelar si Molina y Zárate logran su propósito, pero me gustaría resaltar algunos aspectos que me han parecido brillantes:

En primer lugar: los diálogos que mantienen Molina y Zárate. Todo un ejercicio de definición de los personajes. Más allá de la apariencia, sus frases permiten al lector conocer el carácter de los dos hombres buenos de la novela. El almirante taciturno, un Coy de hace siglos, un caballero que mantiene las distancias y el bibliotecario hablador, un hombre de complexión fuerte con un ideario no muy arraigado. En estas conversaciones que tienen lugar durante toda la trama se puede vislumbrar el arco dramático que tienen los dos personajes: cómo el peso de los acontecimientos cambia poco a poco su personalidad, liberando a Zárate de sus ataduras morales y a Molina de las religiosas. A su vez el lector consigue, gracias a estos diálogos, releer de nuevo, con otras palabras, al Reverte crítico que publica semanalmente artículos en XL Semanal,al Reverte que se erige, a la manera de Mariano José de Larra, como conciencia crítica de una sociedad. .

En segundo lugar: no es habitual que D. Pérez-Reverte deje entrever la voz del narrador en sus novelas. En esta ocasión hay un personaje principal más: el propio autor, que se introduce en la historia para narrarnos cómo llegó esta historia a su mente, cómo descubrió que podía convertirse en una novela y nos lleva de la mano durante el proceso de documentaciòn y de escritura. Así pues D. Pérez-Reverte repite la experiencia que ya implementó hace dos años y medio, cuando a través de la web www.novelaenconstrucción.com dejó entrever los "andamios" de la novela que estaba en ese momento escribiendo, "El tango de la Guardia Vieja". Si bien en aquel entonces en la novela el autor no aparecía por ningún lado, en "Hombres buenos" el autor aparece en el texto, explicando toda la documentación que llevó a cabo, mezclando realidad y ficción: entrevistas, recorridos, fotografías, mapas, viajes, fondas,... Y en cierto modo este nuevo experimento me ha causado tristeza pues no puedo ver otra cosa que una despedida literaria cada vez que el autor desvela algunos de los secretos de sus anteriores novelas.

En tercer lugar : la historia comienza "in medias res": en mitad de la acción, para, pocas líneas después, volver atrás en la trama y explicarnos qué ha llevado a los personajes a esa escena. Esa escena, que abre la novela, es un duelo. Un momento de máxima tensión, que nos mantendrá en vilo hasta que este enfrentamiento ocurra. Por qué ocurre o cómo termina, no lo expondré aquí. Pero créanme que no existen muchas novelas en las que se describa con tanta exactitud y con tanto verismo un asalto de esgrima. El autor ha conseguido plasmar a la perfección la cuestión técnica de este deporte. Y lo que es más complicado, y que supera con nota, ha conseguido transmitir la emoción, la pasión, los nervios, la excitación, el estrés, la aparente calma, el nudo en el estómago, el vértigo que anteceden a un asalto.

El reto del lector asiduo de D. Pérez-Reverte es dilucidar, tras haber leido pocas páginas o haber escuchado o visionado algunas de las entrevistas de la promoción de la obra, qué Reverte nos encontraremos. Pues Revertes hay muchos, casi tantos como novelas: Reverte histórico, Reverte romántico, Reverte aventurero, Reverte bibliófilo,... una pequeña enumeración que resalta la extrema versatilidad de un escritor profesional, como en muchas ocasiones él mismo se ha definido.

Me gustaría terminar esta reseña comentando los dos homenajes que ha realizado D. Arturo Pérez-Reverte en esta obra:

- Un homenaje a Don Quijote y Sancho Panza, dos de los más paradigmáticos personajes de la literatura, dos personajes a los que D. Pérez-Reverte se ha acercado en los últimos tiempos (debido a un encargo de la RAE de publicar una edición escolar de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha"), ha conseguido que su Zárate y su Molina se vean y se lean como trasunto de los personajes cervantinos.

- Un homenaje a la RAE, ya que, como dijo D. Arturo Pérez-Reverte en la presentación de esta obra en un acto público: "Quiero a la RAE".


Por último, y con esto ya termino, la novela obedece además a la satisfacción del que, supongo, era uno de los deseos del autor: poder alternar con Rousseau, Voltaire, Marat, Jorge Juan, Franklin, D'Alembert,... gracias a este texto hemos podido divisar a lo lejos las luces de la razón y de la lucidez y, en particular, me ha conmovido comprobar que los hombres más oscuros también fueron buenos.

26 de marzo de 2015